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sábado, 14 de enero de 2012

Busco equilibrio de emociones.

No creo en el amor de tapadera, cuentos, o como le llamo yo, de telenovela cutre. Creo en la atracción física entre dos personas, en la complicidad de las miradas, el apoyo en los momentos críticos, la confianza como base de todo movimiento. Creo que el amor de telenovela está sobrevalorado, no es amor, es enfermedad. Atonta a la gente e idiotiza a las personas, los sucumbe a una dependencia enfermiza. Es como construir una casa por el tejado. Si eso significa amor, jamás quiero estar enamorada. Ni loca.
No quiero que me regalen ni flores ni bombones, prefiero que me lleven a un concierto. Odio los 1os 14 de febrero, mil veces mejor que me regalen un libro cualquier día del año porque le ha recordado a mí. No quiero un tío que me llame princesa 24h al día, quiero que me diga que estoy sexy con la cara lavada nada más levantarme. Me hace más ilusión un abrazo que una promesa que sé que no valdrá nada en el futuro porque se pudrirá con el tiempo. Odio los “para siempre”, nada es para siempre o muy pocas cosas los son, quizás el saber que no son par siempre ayude a valorar las cosas y a incentivar a vivir cada minuto al máximo. No hay cosa que más aborrezca que me un día me traten con la actitud de caballero imperfecto y al día siguiente como un capullo perfecto, prefiero que sea persona a secas, coherente, constante, inculso con errores, quiero enamorarme de una persona, no de una idea inventada por Disney. Es tan difícil entender que no quiero que me den 0 un día y 100 al siguiente? Me encanta que me protejan, pero no que me posean. Antes que me compren un helado y me lleven de la mano prefiero que me inviten a un whisky y hablar de todo y de nada.
Desde luego, quiero que me quieran de verdad y que no me hagan creer que me quieren.
Creo que algunas mujeres son masoquistas. Creo que soy de una especie en extinción.  


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