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miércoles, 4 de enero de 2012

Vienen los Reyes y se van los cuartos.

Hacía mucho tiempo que no escribía. Quizás un año, creo que es hora de retomar este mundillo, y no hay mejor época para hacerlo que las Navidades que están llegando a su fin, por gracia para algunos que no nos entusiasma mucho esta temporada y por desgracia para los estudiantes que apuran la recta final de preparar los exámenes.

Uno de los días señalados de toda Navidad en España, siguiendo con nuestra tradición, es el 6 de enero. Una de esas mañanas frías en las que los niños al compás de villancicos en mi opinión horribles se despiertan con ilusión, alegría, y para los más ambiciosos y malagradecidos a veces con decepción.

No corren tiempos felices para los consumidores y sobre todo de la clase media, o baja. Aún así por regla general se obceca en la idea de consumir casi por obligación y celebrar esta fecha por no devoción y sí como borregos. Personalmente no entiendo a la gente no religiosa que la celebra,-dado que esta lo hace con un motivo de celebración, reflexión- que suma al carro de la hipocresía, consumo, y lo peor consumo cuando no se puede.

Un alto número de padres se gastarán un riñón por cabeza para poder mantener la ilusión a sus hijos, para que puedan tener un último modelo de consola, un juego donde se mata a gente a base de pistola, o un modelo de móvil de última generación por el mero hecho de estar en una época en la que la mayoría ni cree, ni puede alomejor gestionarse dado a los tiempos que corren. Quizás un regalo mejor sería aportar ciertos valores perdidos en la sociedad, austeridad, y menos hipocresía, y más cuando la cartera no rebosa.

De todas formas, felices fiestas para aquéllos quien las celebre de todo corazón, a los otros, quizás la unión y el amor, y el acordarse de los pobres no sea cuestión sólo de una quincena de días si no que quedan 350 días  restantes en las que podéis acordaros del prójimo.

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